Como Audry…

Jueves 26 de Julio. Salgo de la oficina y en la calle caen los cuarenta grados como cuarenta soles.

Mi única meta es llegar a casa de una pieza y sin churruscarme demasiado.

Visualizo el sofá y  ya casi me siento entre sus brazos preparada para dejarme envolver en una dulce siesta. Pero antes me toca recorrer el camino al Más Allá cerca de Mordor.

Con paso firme y seguro me dirijo a la estación de tren de Recoletos y mientras espero en el andén por megafonía hacen un anuncio que parece importante.

OMG! En ese instante deseo morirme. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que no podían esperar a mi ausencia por vacaciones, no. Tenían que hacerlo justo en las dos semanas anteriores en las que además me quedo sin chófer (ahora me aprovecho de Papi Chulo para que me acerque por las mañanas a la ofi).

Veo mi vida pasar a toda velocidad ante mí… Ah no! es el tren que casi se me escapa por estar sumida en mis pensamientos. Pienso en mi próxima estrategia sobre cómo voy a afrontar el trayecto casa-ofi/ ofi-casa sin morir en el intento.

Entre mis opciones barajo ir en coche pero enseguida la deshecho a no ser que me quiera gastar una pasta gansa en parquímetros o multas de la zona SER.

Me queda la opción <M>, sí la opción del Metro, ese que dicen que “vuela…” pero lo cierto es que ir en metro supone hacer una excursión de día entero, como aquel que dice.  Pero no me quedará más remedio que confiar en que en Agosto la gente esté de vacaciones y haya más sitio en el vagón y ya si no es mucho pedir, por favor que se den una duchita mañanera que es muy sano después de las noches calurosas madrileñas.

Mi madre dice que soy muy blandita, que ella iba a trabajar en metro por la mañana antes de que pusieran las calles hiciera frío o calor y para más inri, cuando estaba embarazada de mí con un bombo como una plaza de toros. Y sin que nadie tuviera piedad de su “estado”, así que allí iba ella, una preñada sufridora de sobaqueras y empujones.

Pero lo cierto es que los tiempos cambian y yo no estoy dispuesta a sufrir gratuitamente, así que lo tengo decidido:

¡Este verano tengo que aprender a montar en moto! Ya me veo yo subida a una Vespa con la melena al viento como Audry Hepburn

Así que en la summer residence familiar haré mis pinitos con la moto del abuelito, a ver si sacamos provecho y en septiembre estoy motorizada.

Y mientras tanto, ya voy cantando eso de…

” Y qué fantástico dar vueltas con los pies sobre sus alas….”

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7 thoughts on “Como Audry…

  1. La verdad es que los calores (y los olores) en el Metro son algo insufrible en verano. Menos mal que estoy a cuatro paradas… Ya nos contarás qué tal tu experiencia motera. Besos.

  2. Entonces lo de ir en moto va en serio? Uff, es que a mí me da bastante respeto lo de las dos ruedas y sin techo, pero hay que reconocer que quizá sea lo más práctico. ya irás contando tus avances.
    Un besote!

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